EL PROBLEMA DEL PECADO

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EL PROBLEMA DEL PECADO

Cuando se reflexiona con cuidado acerca de sus desastrosas consecuencias a todos los niveles de la existencia humana, resulta extraño que no se empleen más esfuerzos para intentar prevenir el pecado. Sin embargo, a menudo sucede lo contrario, especialmente en el ámbito religioso. Hoy en día no sólo son poco apreciados aquellos esfuerzos que intentan ayudar al ser humano a abandonar los pecados, sino que además existe un fabuloso esfuerzo por parte de teólogos y líderes de distintas denominaciones para legitimar como cristiano todo un sofisticado sistema doctrinal que, en los hechos, constituye un esquema de pretextos y permisos para legalizar pecados.

La presencia de maestros y ministros en el cristianismo que ayudan a fabricar excusas religiosas, en vez de disuadir a sus oyentes a abandonar aquello que destruye mente y alma, es un hecho escandaloso. En la sociedad secular equivaldría a tener médicos dedicados a minimizar, en forma irresponsable, los peligros del SIDA en lugar de procurar su prevención.

La crisis es de tal magnitud que se ha hecho necesaria una revisión de los principios básicos del Evangelio, comenzando con una radiografía del pecado. La palabra pecado y los verbos y sustantivos relativos a ella, aparecen más veces en la Biblia que las palabras misericordia, perdón, bendición, salvación y aun, amor. Pecado aparece más de 800 veces. Jesús mismo habló más del pecado que de la salvación (213 textos contra 203). Seguramente que si Dios mismo enfatiza tanto el tema del pecado, es porque necesitamos profundizar sobre su naturaleza y sus efectos en el ser humano.

¿QUÉ ES EL PECADO?

Primeramente es necesario entender claramente qué es el pecado. El pecado es una transgresión de la ley divina; es desobedecer la ley moral de Dios. Ésa es exactamente la definición bíblica según 1 Juan 3:4. No es un virus, ni un germen. No es una sustancia, ni un líquido, ni un sólido, ni un gas. No es un espíritu, ni ningún ser. Es simplemente, una conducta voluntaria contraria a los estándares de comportamiento prescritos por Dios.

Cuando utilizo la palabra pecado me estoy refiriendo a una acción. La acción de desobedecer la ley moral de Dios. Cuando me refiero a la naturaleza del pecado, intento decir con esto, las cualidades propias de la acción de desobedecer a Dios. ¿Cuáles son estas cualidades innatas del pecado? Cuando menos, podemos resaltar cuatro: el engaño, la destrucción del alma, la corrupción del carácter y la condenación.

"¿Pero, qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte" Romanos 6:21

Esta capacidad de provocar placer es el gran medio por el cual el pecado engaña. Por eso el apóstol presenta inmediatamente el costo final del pecado: "el fin de ellas es muerte". En el momento de la tentación, se percibe el deleite que traerá el pecado en una forma tan fuerte que las consecuencias de cometer el acto se oscurecen. Ése es el engaño. El alma se entrega al placer sin evaluar las consecuencias. Una parábola de Jesús lo ilustra bien: el hijo pródigo nunca imaginó que después andaría hambriento.

El pecado no sólo engaña para atraer, sino que ocasiona que la persona comience a engañarse a sí misma con el fin de justificarse. Así, la persona se repite ideas tales como: "no es tan malo", "todo el mundo lo hace", etc. Si la persona es religiosa, pervertirá las doctrinas de la Biblia para autoengañarse: "al fin yo estoy bajo la gracia", "Dios ya no me ve a mí, sino a Cristo en mí", "ya no estamos bajo la ley".

LA DESTRUCCIÓN DEL ALMA

Otra característica innata del pecado es la de provocar la destrucción del alma. Esto lo hace primeramente adormeciendo la conciencia para que no repruebe ciertas acciones, de modo que transgredirás las leyes morales y no te sentirás redargüido. Una conciencia adormecida es una conciencia cauterizada insensible, que ya no cumple su función de alarmarnos cuando se rompen ciertos principios. Normalmente en la mayoría de la gente, las conciencias están despiertas para los pecados escandalosos como matar, adulterar, robar, etc.; pero están dormidas a los pecados socialmente aceptados como son: la amargura y la codicia.

Un buen ejemplo es Esaú. Cuando su hermano Jacob le pidió la primogenitura a cambio de su guiso de lentejas, Esaú tuvo que fabricar un fuerte argumento para que su conciencia no lo acusara. Así que argumentó y se dijo: "He aquí yo me voy a morir; ¿para qué pues, me servirá la primogenitura?" (Génesis 25:32). Era su propio deseo que no quiso refrenar lo que le hacía pensar que "estaba a punto de morir de hambre", sólo para saciar su apetito en ese momento.

AFECTA LA CAPACIDAD DE RAZONAR

Además de adormecer la conciencia, el pecado ultraja la razón del hombre. Hacer lo que uno sabe que hace daño es algo irracional, es una especie de locura porque la persona está consciente de que es dañino, sin embargo lo hace. Así, hay hombres que han perdido su familia, esposa e hijos, a cambio de un rato de placer sexual en la infidelidad. Esto sería semejante a cambiar un kilo de oro por un kilo de estiércol; es una locura.

"Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento..." Proverbios 6:32a
"Al punto se marchó tras ella, como va el buey al degolladero,... Como el ave que se apresura a la red, y no sabe que es contra su vida, hasta que la saeta traspasa su corazón" Proverbios 7:22-23

Pecar degrada a los seres humanos al nivel de los animales irracionales.

ENDURECE EL CORAZÓN

"Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado." Hebreos 3:13

Endurecer el corazón es obstinarse voluntariamente. Por más razones que se le presenten, la persona con corazón endurecido no cambia su intención egoísta. Dios le promete el cielo y no lo convence de abandonar su mala conducta. Le muestra su bondad en Cristo, le da la ayuda del Espíritu Santo, y ni aun así lo logra persuadir. Su corazón está endurecido: no quiere perder los deleites momentáneos.

DESEOS FUERA DE CONTROL

No sólo se afecta el alma al endurecerse el corazón, además se sensibilizan los deseos carnales cada vez que se peca. Cada vez que el hombre los alimenta dándoles rienda suelta, esos deseos se vuelven más sensibles, más fácilmente estimulables y más exigentes. La práctica del pecado agiganta los deseos y después éstos doblegan la voluntad ante la más mínima tentación.

Cuando Jesús hablaba de "sacar el ojo" o "cortar la mano" (Mateo 5:29-30), estaba enseñando, en un lenguaje retórico, la manera radical en que debemos tratar a los deseos. Él conocía la fuerza y rapidez con que crecen.

LA CORRUPCIÓN DEL CARÁCTER

El pecado tiende a corromper todo el carácter de la persona. Este es el desarrollo natural del pecado: se empieza quizás con enojos, luego se permiten los rencores, después los odios y los actos violentos. La codicia engendra mentiras para obtener dinero, después robos, traiciones y hasta homicidios. El pecado aumenta en variedad y cantidad, pero también comienza a aumentar en frecuencia. La persona se envicia y cede a la tentación de actuar así continuamente.

"...Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él" 1 Reyes 16:30

LOS EFECTOS DEL PECADO

Margarita era una joven de 17 años sumamente alegre y cariñosa con su familia. De un día para otro se volvió silenciosa, retraída, se empezó a aislar en su cuarto. Su rostro expresaba molestia todo el tiempo. ¿Qué había pasado? Ella decidió empezar a tener relaciones sexuales con su novio y perdió su virginidad; inmediatamente se sintió culpable e incómoda. Esto provocó los cambios en su conducta, dañando su relación familiar. Buscaba desahogar el tormento de su conciencia culpando a otros. Su aislamiento era para evitar ser cuestionada; se sentía sucia e indigna, llena de temores de ser descubierta o de quedar embarazada.

Cuando Adán pecó hubo cambios inmediatos: experimentó intranquilidad y culpabilidad. La voz de Jehová no la percibió como un acto de amor, sino como un injusto tirano del cual había que esconderse. Además culpó a Dios: "la mujer que me diste..." (Génesis 3:12). No hubo confesión, sino evasiones.

CONCIENCIAS ATORMENTADAS

Quienes viven esclavizados a algún pecado, exhiben siempre un discurso de continuas justificaciones de su conducta. Herodes creía que Jesús era Juan el Bautista a quien había asesinado. Su conciencia lo acusaba todo el tiempo. Cuando los hermanos de José se enfrentaron a él sin haberlo aún reconocido, su conciencia les recordó que su calamidad actual les acontecía por haber vendido a su hermano.

Las conciencias culpables buscan un desahogo y actualmente muchas lo encuentran en reuniones de alabanza muy emocionales. Según un interesante análisis realizado por el teólogo Dr. Wells [1]David F. Wells, Loosing our Moral Virtue: Why the Church must Recover Its Moral Vision. Cambridge: Eerdmans, 1998, pp. 42-46., el contenido de la letra en los cantos e himnos de las iglesias está cambiando radicalmente. Los cantos ahora son más sentimentales, menos doctrinales. La causa, según el Dr. Wells, estriba en la pérdida de principios morales en los creyentes, quienes se sentirían incómodos con cantos que hablen de justicia y rectitud. Para la persona que practica el pecado, esto es como un sedante a su conciencia.

LA ESTRUCTURA DE LA CONCIENCIA Y LA LEY MORAL

"Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos." Romanos 2:15
"El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón..." Jeremías 17:1

La conciencia sabe que no puede haber perdón sin arrepentimiento. Mientras la persona no se arrepiente y rompe con la conducta incorrecta, su conciencia continúa acusándole. La intranquilidad y culpabilidad son los síntomas de una mente que se sabe culpable. De estos dos sentimientos se puede descender al autoengaño.

"Pero el impío es como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo." Isaías 57:20
"porque el que cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña" Gálatas 6:3

En cierta ocasión un predicador hablaba con alguien que afirmaba ser cristiano pero que mentía habitualmente. El ministro le mostró 1 Juan 3:9 (el que es nacido de Dios no practica el pecado) y le preguntó: "Tú mismo me has dicho que practicas la mentira, ¿de quién eres nacido?" El hombre contestó: "De Dios". Luego el predicador le puso el ejemplo de su vecino idólatra y el hombre dijo que era del diablo. El predicador concluyó: "Bien, ahora tú que practicas la mentira, ¿de quién eres hijo?" El hombre muy seguro respondió: "Soy hijo de Dios". Este es un claro ejemplo de cómo opera el autoengaño.

LA CONCIENCIA CAUTERIZADA

Una vez autoengañada la persona, puede descender a otro nivel: su conciencia se cauteriza. Una conciencia cauterizada es como un árbitro que permite faltas sin evaluarlas como infracciones. Así, la persona tiene dos listas de pecados: los "socialmente aceptables" sí son permitidos por su conciencia, pero los escandalosos no. Se pueden ver evangélicos que hablan en contra de la idolatría con gran vehemencia, pero practican la mentira o guardan rencores, conductas reprobadas en los mismos textos (Gálatas 5:19-21).

MALICIA, DESCONFIANZA E IRRESPONSABILIDAD

La malicia fue el mayor estorbo que tuvo Adán para ser restaurado. Si Adán hubiera pensado que Dios lo buscaba porque lo quería ayudar, hubiera corrido hacia Él. La malicia se manifiesta como una expectación de que los demás desean nuestro mal. Toda corrección se interpreta como agresión. Otro efecto clásico del pecado es la irresponsabilidad crónica. La persona nunca parece asumir cabal responsabilidad.

ROMPIENDO LÍMITES

Un efecto notorio del pecado es que tiende a relajar los límites de la conducta moral. Esto provocará que gradualmente la persona se vaya involucrando en conductas cada vez más graves y escandalosas. La pérdida de límites y la insensibilidad de la conciencia eventualmente harán que la persona llegue a cometer pecados que antes se hubiera avergonzado siquiera de imaginar.

"¿Se han avergonzado de haber hecho abominación? Ciertamente no se han avergonzado en lo más mínimo, ni supieron avergonzarse..." Jeremías 8:12a

DESENFRENO TOTAL

El último paso dentro de los efectos del pecado es la pérdida completa del control de las pasiones, deseos, apetitos. La persona estará siendo gobernada totalmente por sus pasiones y deseos animales. Hay cuatro pasiones específicas: la cobardía, la ambición, el deleite sensual y la ansiedad.

COBARDÍA Y AUTOESTIMA

"El temor lleva en sí castigo." 1 Juan 4:18

La cobardía se expresa en temor, inseguridad, y a veces encubre esos temores con violencia. La conciencia culpable es la raíz de los miedos.

RELACIÓN ENTRE LA SOBERBIA Y LA PÉRDIDA DE DIGNIDAD PERSONAL

En otros momentos surge la ambición a través de la vanagloria y la soberbia. La persona procura ser admirada por lo que posee. Esto la lleva a la frustración. Una autovaloración adecuada se obtiene en Cristo al comprender el amor de Dios en la expiación.

MAL MANEJO DE LA SEXUALIDAD

"... Ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. ... Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar..." 2 Pedro 2:13-14

Cuando alguien es controlado por la sed de deleites, no podrá nunca satisfacer todo lo que su corazón desea. Siempre siente que algo le falta. A esta insatisfacción le sigue la ansiedad.

"¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar... Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites." Santiago 4:1-3
"El alma sin ciencia no es buena, y aquel que se apresura con los pies, peca." Proverbios 19:2

LA INFLUENCIA DEL PECADO

Cuando alguien vive transgrediendo las normas divinas, esto influye en su relación con Dios y con sus semejantes. La práctica del pecado hace que se perciba a Dios de una manera distinta. Adán después de desobedecer:

"Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto... y el hombre y su mujer se escondieron... Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí." Génesis 3:8-10

Sus reacciones fueron temor y huir. Dios no cambió; el que cambió fue el hombre.

CALVINO: CREADO UN DIOS A LA IMAGEN DEL HOMBRE

Otro ejemplo es el siervo de la parábola que escondió el talento:

"Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo..." Mateo 25:24-25

Hoy en día muchos perciben a Dios como un tirano injusto, proyectando su propio carácter. Un ejemplo claro fue el reformador Juan Calvino. Al fracasar en su intento de provocar un avivamiento, obligó a todos los ciudadanos de Ginebra a hacer una profesión de fe bajo pena de exilio [2]The Oxford Dictionary of the Christian Church, 2nd Ed., "Calvin, John". New York: Oxford University Press, 1993, p. 64.. Calvino creía que podía forzar a la gente con la espada. Su teología refleja un dios que fuerza a unos a creer y a otros a condenarse. Él pensaba que "la libertad de conciencia era un execrable monstruo, que debía ser exterminado de la faz de la tierra" [3]Moura J., Louvet P., Calvin: A Modern Biography. New York: Double Day Doran and Company, 1932, p. 64.. Esto provocó ejecuciones, como el caso de un científico unitario mandado a la hoguera por influencia de Calvino [4]Ibid., p. 247..

DIOSES DE ACUERDO A SUS CONCUPISCENCIAS

Existen personas que distorsionan el concepto de Dios Amor para justificar el libertinaje. Otros perciben a Dios de acuerdo a su avaricia, imaginando un dios interesado en hacerlos millonarios. El pecado deforma la percepción de Dios y provoca alejamiento. La lectura de las Escrituras será aburrida; la oración poco atractiva.

En las relaciones humanas, el que vive bajo el dominio del pecado es un foco continuo de contaminación. Un padre de familia que miente o guarda rencores dañará a sus hijos. En el liderazgo religioso, muchos se vuelven como "dioses" que no admiten corrección. Son severos con los pecados que ellos no practican y tolerantes con los que sí. El ejemplo de los escribas y fariseos con la mujer adúltera (Juan 8:3-9) muestra cómo acusados por su conciencia, salían uno a uno.

El pecado pervierte las relaciones: la confianza se aprovecha para robar, la amabilidad se interpreta como oferta sexual. El corazón impío corrompe las doctrinas: la gracia la ve como permiso para pecar, la salvación como un seguro para desobedecer. Todo lo tuerce a su conveniencia.

"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso..." Jeremías 17:9

La influencia del pecado es una calamidad que lastima a muchas personas. Un solo pecado desata una reacción en cadena. Además, Dios puede retirar su protección y entregar a una mente reprobada.

"Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen." Romanos 1:28

En cuestión de pecado, toda persona debe ser muy escéptica de cualquier doctrina que le prometa que puede continuar en la práctica del pecado y al mismo tiempo salvarse. Si por un pecado Adán y Eva fueron sacados del paraíso, y por un pecado Lucifer fue echado del cielo, y Cristo llevando nuestros pecados fue desamparado, sería una acepción de personas que a nosotros se nos permitiera entrar al cielo con pecado. Como en la parábola de la fiesta de bodas: el que no estaba vestido de boda fue echado a las tinieblas de afuera (Mateo 22:11-13).

REFERENCIAS

[1] David F. Wells, Loosing our Moral Virtue: Why the Church must Recover Its Moral Vision. Cambridge: Eerdmans, 1998, pp. 42-46.

[2] The Oxford Dictionary of the Christian Church, 2nd Ed., "Calvin, John". New York: Oxford University Press, 1993, p. 64.

[3] Moura J., Louvet P., Calvin: A Modern Biography. New York: Double Day Doran and Company, 1932, p. 64.

[4] Ibid., p. 247.

Todas las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina Valera 1960.